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Los instrumentos de la familia del violín son especialmente sensibles a los cambios de humedad, que provocan en general un cambio de la sonoridad, una variación en la altura de las cuerdas, desencoladuras en la tapa y el fondo o, en algunos casos, fisuras en la madera. En los arcos hay una variación importante de la longitud de las cerdas.

 

Si se va a dar un concierto en una sala húmeda y fría, como  una iglesia, o con una calefacción demasiado eficaz, conviene que el instrumento se adapte lentamente unas horas antes del concierto y obtenga el equilibrio necesario entre la humedad exterior y la propia.

 

Un buen estuche, además de una protección eficaz contra los golpes, es un espacio de transito entre distintos ambientes. Un estuche provisto de higrómetro y humidificador ayudará a prever las reacciones del instrumento en cada caso.

 

 
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