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El sistema formado por cuerda-puente-tabla-alma-fondo forma una cadena en la que el contacto entre sus eslabones debe ser perfecto. Un puente cuyos pies no están perfectamente adaptados a la bóveda  de la tapa, un alma que no ha sido bien ajustada entre la tapa y el fondo puede producir pequeñas vibraciones parásitas que enturbian el resultado sonoro.

 

 

Por otra parte, si los pies del puente no asientan perfectamente, si su base es irregular o convexa, tienden a doblarse hacia delante o detrás y en poco tiempo este deberá ser sustituido. Además, en un puente que esta torcido, hay una pérdida evidente de energía  que no llega a la caja de resonancia.

 

En lo que concierne a la conservación del instrumento, un puente mal ajustado araña brutalmente el barniz, provocando dos faltas en el centro de la tapa que con el tiempo llegan a ser verdaderos agujeros que fragilizan la tabla armónica. Aún es más peligroso un alma que fuerza demasiado y que, por no haber sido bien adaptada, apoya solamente en dos puntos de contacto. En estas condiciones, basta un pequeño accidente para provocar una fractura.

 

El puente debe tener una forma bien precisa que en cualquier caso no perjudicará la comodidad del instrumento. Una curva que permita pasar el arco por cada una de las cuerdas sin tocar las demás pero lo justo para permitir un variolaje ágil, una altura que sin ser incómoda  permita una dinámica amplia y una forma que favorezca el balance y la calidad del sonido.

 

El puente es además una tarjeta de visita del luthier, por esa razón se suele firmar con un cuño. La limpieza del trabajo y la manera de recortar y perfilar esta pieza, reflejan muy bien el nivel de calidad de cada profesional. (ver www.violinbridges.co.uk)

 

Es también recomendable, como en el caso de la cejilla, poner un poco de grafito en las ranuras de las cuerdas para que estas se deslicen sin problemas.

 

Conviene verificar de vez en cuando la posición del alma. Esta debe encontrarse bajo el pie derecho del puente, ligeramente desplazada hacia el cordal y perpendicular al eje longitudinal del instrumento, y su colocación  debe confiarse al luthier.

 

 

 
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